0 y van 10 ¿u 11? Ya
perdí la cuenta. El mapamundi de mi escritorio participa o mejor
representa la idea de que este mundo se hace pequeño, de que los
medios de transporte y los medios de comunicación han hecho de la
distancia y las fronteras conceptos aún más abstractos y menos
importantes de lo que fueron hace no más de medio siglo. Pero el
alma no se alimenta igual de pantallas que de abrazos y ningún tren,
avión, coche o barco es suficientemente rápido para ahogar un “te
extraño”.
Por moda, destino,
convicción, conveniencia o como quiera llamársele, nos toco (o
quisimos) hacer parte del cada vez más grande grupo de los que se
mueven, de los que emigran, de los que hacen de otros suelos los
suyos, de los que construyen su ser en la pluralidad de esta nuestra
pobre humanidad, de los que pensábamos que el arraigo y la distancia
eran conceptos sobre valorados. Toma una vieja foto tuya e intenta
rememorar la extraña visión del mundo que ese lejano sujeto en el
papel (o la pantalla, tiempos los nuestros) tenía y ríe (o llora)
ante la evidencia de lo absurdo de su pensar (ojala no de su obrar).
La distancia distancia es, el arraigo se vuelve desarraigo que se
vuelve nostalgia a su vez y eso no estaba en el manual de tu aventura
humana al estilo de la globalización.
Resulta que a medida que
creces y abres los ojos al mundo te das cuenta que no te lo puedes
comer solo o al menos no sin indigestarte. Quieres y necesitas ir
tomando varias manos en este viaje que es la vida y de repente te das
cuenta de que esas manos están demasiado lejos para ser tomadas. Las
nacionalidades y lugares geográficos de tu agenda de contactos
pondrían verde de envidia a un aristócrata del siglo XVIII y sin
embargo, a ti solo te producen la extraña sensación de estar muy
acompañado en una inmensa soledad.
Vives entonces entre la
nostalgia de tiempos pasados y la ilusión de reencuentros futuros.
Aprendes a ser un amigo leal y en extremo cariñoso porque sabes que,
y vives con el terror de saber que, tarde o temprano, esa amistad
partirá en busca de esos sueños que te impulsaron a ti a partir en
su momento y tendrás entonces que matizar esa desgarradora sensación
de abandono con esa alegría y orgullo que debería hacerte sentir
quien sale en busca de su destino.
Hoy se fue otra de esas
amistades, una bien importante. Su partida era lógica, pertinente,
razonable, inteligente, desoladora, sobrecogedora, mortificante,
pesa en el alma...¿Alguna vez has tenido a alguien tan importante en
tu vida que evitas decírselo por miedo a arruinarlo? Ella se sube al
tren y hay tantas cosas por decir que al final el silencio es la
mejor opción porque cuando el alma desborda, las palabras no
alcanzan.
En seis meses sera el
doceavo, el treceavo y quizás más. Quizás la moneda caerá de mi
lado, me moveré, me acomodare y recomenzare la cuenta. Nos hacemos
viejos en un mundo de recientes, donde lo mustio y las telarañas
tienen que ver más con inquilinos descuidados que con historia
añeja. Nuestros puntos de referencia espacio-temporales son
borrosos, nuestras experiencias se multiplican exponencialmente, eso
nos hace sentir (o me hacen sentir) infinitamente viejos. Por días
es tragedia de lo actual, por días gloria del presente, en los
mejores días es un poco de ambos. “La vida es como un libro y
quien no viaja, solo lee una pagina” escuche alguna vez en algún
lado. ¿Cuantas paginas son demasiadas? ¿Escogeré (o me escogerá)
un día una pagina favorita a la cual siempre volveré? Todavía no
estoy muerto, el viaje es interesante, disfruta del paisaje.
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