samedi 20 septembre 2014

La infinita soledad del eterno andar

0 y van 10 ¿u 11? Ya perdí la cuenta. El mapamundi de mi escritorio participa o mejor representa la idea de que este mundo se hace pequeño, de que los medios de transporte y los medios de comunicación han hecho de la distancia y las fronteras conceptos aún más abstractos y menos importantes de lo que fueron hace no más de medio siglo. Pero el alma no se alimenta igual de pantallas que de abrazos y ningún tren, avión, coche o barco es suficientemente rápido para ahogar un “te extraño”.

Por moda, destino, convicción, conveniencia o como quiera llamársele, nos toco (o quisimos) hacer parte del cada vez más grande grupo de los que se mueven, de los que emigran, de los que hacen de otros suelos los suyos, de los que construyen su ser en la pluralidad de esta nuestra pobre humanidad, de los que pensábamos que el arraigo y la distancia eran conceptos sobre valorados. Toma una vieja foto tuya e intenta rememorar la extraña visión del mundo que ese lejano sujeto en el papel (o la pantalla, tiempos los nuestros) tenía y ríe (o llora) ante la evidencia de lo absurdo de su pensar (ojala no de su obrar). La distancia distancia es, el arraigo se vuelve desarraigo que se vuelve nostalgia a su vez y eso no estaba en el manual de tu aventura humana al estilo de la globalización.

Resulta que a medida que creces y abres los ojos al mundo te das cuenta que no te lo puedes comer solo o al menos no sin indigestarte. Quieres y necesitas ir tomando varias manos en este viaje que es la vida y de repente te das cuenta de que esas manos están demasiado lejos para ser tomadas. Las nacionalidades y lugares geográficos de tu agenda de contactos pondrían verde de envidia a un aristócrata del siglo XVIII y sin embargo, a ti solo te producen la extraña sensación de estar muy acompañado en una inmensa soledad.

Vives entonces entre la nostalgia de tiempos pasados y la ilusión de reencuentros futuros. Aprendes a ser un amigo leal y en extremo cariñoso porque sabes que, y vives con el terror de saber que, tarde o temprano, esa amistad partirá en busca de esos sueños que te impulsaron a ti a partir en su momento y tendrás entonces que matizar esa desgarradora sensación de abandono con esa alegría y orgullo que debería hacerte sentir quien sale en busca de su destino.

Hoy se fue otra de esas amistades, una bien importante. Su partida era lógica, pertinente, razonable, inteligente, desoladora, sobrecogedora, mortificante, pesa en el alma...¿Alguna vez has tenido a alguien tan importante en tu vida que evitas decírselo por miedo a arruinarlo? Ella se sube al tren y hay tantas cosas por decir que al final el silencio es la mejor opción porque cuando el alma desborda, las palabras no alcanzan.

En seis meses sera el doceavo, el treceavo y quizás más. Quizás la moneda caerá de mi lado, me moveré, me acomodare y recomenzare la cuenta. Nos hacemos viejos en un mundo de recientes, donde lo mustio y las telarañas tienen que ver más con inquilinos descuidados que con historia añeja. Nuestros puntos de referencia espacio-temporales son borrosos, nuestras experiencias se multiplican exponencialmente, eso nos hace sentir (o me hacen sentir) infinitamente viejos. Por días es tragedia de lo actual, por días gloria del presente, en los mejores días es un poco de ambos. “La vida es como un libro y quien no viaja, solo lee una pagina” escuche alguna vez en algún lado. ¿Cuantas paginas son demasiadas? ¿Escogeré (o me escogerá) un día una pagina favorita a la cual siempre volveré? Todavía no estoy muerto, el viaje es interesante, disfruta del paisaje.

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