“Cuando llegaron los Americanos se tomaron todas las casas que quedaban en pie. Bajo el calor del verano, sacaban sus torsos desnudos por la ventana y detrás de ellos bramaban los tocadiscos al ritmo de la música de su país. Así conocí y me enamoré del Jazz”. Así cuenta la abuela K. sus memorias de guerra y música. Todos los abuelos tienen historias fascinantes si se les presta oído y tiempo, pero los abuelos alemanes tienen un repertorio particular donde del dolor destellan chispas de increíble belleza. Así es este país, el lugar donde un pasado abominable y un presente ejemplar se chocan violentamente para dar forma a una sociedad que mira para adelante, quizás en exceso.