Las calles, como las redes sociales, se han visto inundadas por una marea de personas que se han armado con los “valores de la familia” y han salido a pelear directamente contra la aberración y la depravación que se pretenden implantar en los espacios dedicados a la educación. La responsable de esta afrenta que va en contra de toda lógica es una ministra (sí, una, fémina, ¡qué atrevimiento!) maricona. Muchos derramaron lágrimas de orgullo y muchos otros derramaron lágrimas de tristeza y vergüenza o por lo menos recordaron sus comidas pasadas al ser atacados por la violenta necesidad de vomitar. Los unos se fueron felices, de vuelta a casa, abrazando a sus hijos certificados “heterosexuales” y los otros, una vez limpiado el desastre provocado por el asco, resolvieron volcarse a las redes sociales, donde todo comenzó.