Quiso el sino (o destino o providencia o lo que usted prefiera) que el 24 de Diciembre me encontrase a mi sentado en El Espolón, un restaurante de la ciudad de Burgos, lugar de residencia de una parte importante de mi familia. Pero como no me iba a pegar un viaje de 8 horas solo para una cena navideña, había programado las cosas para estar allí desde el 21. Y así ocurrió, el 21 muy temprano me bajaba yo del bus en la fría estación burgalesa. Allí me recibió mi tío y procedimos a visitar esto y a mirar aquello. Andando por ahí fue necesario parar en un café para realizar una compra importante, de hecho muy importante, algo que de no obtenerlo podía ofender a familiares y amigos y encima sumir en la decepción al ávido comprador: la lotería de navidad.