Quiso el sino (o destino o providencia o lo que usted prefiera) que el 24 de Diciembre me encontrase a mi sentado en El Espolón, un restaurante de la ciudad de Burgos, lugar de residencia de una parte importante de mi familia. Pero como no me iba a pegar un viaje de 8 horas solo para una cena navideña, había programado las cosas para estar allí desde el 21. Y así ocurrió, el 21 muy temprano me bajaba yo del bus en la fría estación burgalesa. Allí me recibió mi tío y procedimos a visitar esto y a mirar aquello. Andando por ahí fue necesario parar en un café para realizar una compra importante, de hecho muy importante, algo que de no obtenerlo podía ofender a familiares y amigos y encima sumir en la decepción al ávido comprador: la lotería de navidad.
La vida ha querido, y que bueno, que a mi tío le guste contar cosas, sobre todo lo que tenga que ver con su ciudad y cultura. No hizo falta que expresará yo mi curiosidad en palabras cuando ya estaba el hombre explicándome los pormenores de la dichosa lotería. Resulta que el sorteo es más viejo que la moda de andar a pie (dirían mis compatriotas), lo hace todo el mundo y es costumbre comprar el mismo número entre familiares, compañeros de trabajo, de equipo de fútbol y en general, de cualquier grupo humano que comparta una relación social cualquiera (tan sencilla como ser vecinos, por ejemplo). Resulta también que el sorteo dura un promedio de 3 horas, arranca a las 8 de la mañana del día 22 de Diciembre y es todo un evento. Todo eso sonaba muy pintoresco así que naturalmente lo primero que hice el día 22 al levantarme fue prender la Televisión para ser testigo de tan particular momento.
¿Como explicar lo que entonces presencié? Dos inmensos bombos metálicos, repletos de una espectacular cantidad de bolas de madera, instalados en la escena del Teatro Real de Madrid. Accionando una palanca que permite la salida de las balotas hay dos niños, detrás de los bombos, y dos niños más, adelante, tomando cada una y cantando el numero impreso en ellas, si, cantando. Abajo, las sillas están abarrotadas de gente con los más estrafalarios disfraces y un espectacular despliegue periodístico y televisivo. Claro me quedó que la mitad de España debía de estar, como yo, frente a la pantalla. Me puse un momento a reflexionar y pensé que este debía ser un momento de ilusión y diversión para toda una nación y que, para un historiador, podría ser un ejercicio académico delicioso escarbar un poco en el asunto. Así que, ni corto ni perezoso, me lancé a hacer una pequeña reseña histórica, aquí el resultado:
El sorteo extraordinario de navidad nació en España en el año 1812 (haga cuentas, eso son 212 años), lo que la convierte en la segunda lotería más longeva del planeta. Se creó, y lo siguiente le parecerá a usted muy normal pero a mi se me antoja inverosímil, para aumentar los ingresos del erario público en las Cortes de Cádiz que luchaban contra la invasión napoleónica; fascinante ¿no es verdad? Con la expulsión definitiva de los franceses en 1814, la lotería se instala en Madrid y se convierte en un sorteo nacional. Recibiría su nombre actual en 1896 y se comenzaría a imprimir con el mismo al año siguiente (antes se denominaba “Prósperos de premios”)1 Para 1913 se cambia al sistema actual de bombos metálicos y pelotas de madera. Ni siquiera la espantosa Guerra Civil Española puedo acabarla o aplazar el sorteo, durante los años bélicos se sorteó tanto en el bando franquista como del lado de la República y se retomó sin problemas durante la dictadura.
¿Se acuerdan de los niños y los bombos? Bueno, pues esos niños históricamente hacen parte del Colegio San Ildelfonso, institución fundada hacia finales del siglo XV que acoge en su seno (o acogía, según me cuentan ahora es un colegio de prestigio) a niños huérfanos.2 No se sabe a ciencia cierta por qué cantan les números pero se teoriza que ya mucho tiempo antes del sorteo extraordinario de navidad, los niños de San Idelfonso cantaban otras loterías por las calles a cambio de algunas limosnas, la costumbre simplemente cambio de escenario.3 Sea cual sea la razón, lo cierto es que los chiquillos se emocionan mucho cuando les toca anunciar un premio (casi como si se lo ganaran ellos), pareciera ser un gran honor.
El sorteo extraordinario de navidad es verdaderamente...bueno, eso, extraordinario. Vende algo más de 3 mil millones de euros en billetes y reparte más de 2 mil millones dependiendo lo vendido. Esto hace que a casi todo el mundo le toque algo así sea solo unos 20 euros, que en general, la gente usa para comprar otro sorteo, el de la lotería del niño que se juega el día de reyes. En promedio, la gente se gasta 70 euros en esta lotería (una locura). Cada billete cuesta 200 euros, el mismo se puede dividir en décimos de 20 euros (que es usualmente lo que la gente compra) y el décimo se puede dividir en participaciones (cosa que se hace por ejemplo en las empresas). El premio mayor equivale a 400 mil euros menos impuestos y también se juegan segundos, terceros, cuarto y quintos que van de los 125 mil a los 50 mil euros más o menos. Luego esta “la pedrea” y otros que yo ya no entiendo.
Esta lotería tiene algo muy bello porque cuando se la gana alguien, se la gana mucha gente de su entorno. Todo un barrio pobre de repente estalla en alegría, una familia de inmigrantes en pleno hace maletas para regresarse a su país, porque ahora sí se puede vivir; un grupo de empleados de una empresa al borde de la quiebra de repente puede respirar y así muchas historias más. Lo gracioso es que esa maquina de ilusiones no es lo único que motiva a la compra. No hay peor pesadilla que pensar que el barrio entero, todo tu colegio, empresa o familia se la ganen y tu no, así que a comprar ese número compartido porque o todos en la cama o todos en el suelo. Esperanza y envidia se dan la mano como expresiones humanas y se lanzan a la ruleta de la suerte sabiendo que de allí no saldrá sino una fortalecida.
Este tipo de cosas, en definitiva, solo pasan en España y por mucho que esa frase pueda sonar negativa no lo es. Ese país tiene como un aura misteriosa que siempre sabe darle un toque picante de jocosidad al diario vivir y a la historia de su pueblo. No importa cuan trágica pueda volverse su realidad, siempre habrá razones para soñar, sonreír y festejar. En la lotería como en la vida , a veces les toca lo bueno a la mayoría y las más, a la inmensa minoría pero soñando se camina mejor y más recto que llorando.
Así que ahí lo tienen. Si se pasan por España en navidades no olviden comprar un décimo, déjense sumergir en la emoción que otorga la ilusión de un cambio de vida inesperado. Levántese a mirar el inaudito espectáculo que es el sorteo, forme parte de una historia larga de dos siglos y con algo de suerte, llévese un trozo del pastel. Si no le toca nada solo recuerde que lo importante es que tenemos salud, ¡buena suerte!
1.http://www.abc.es/loteria-de-navidad/historia.html
2.http://www.educa.madrid.org/web/cp.sanildefonso.madrid/historia.html
3.http://www.laloterianavidad.com/noticia/cantan-ninos-san-ildefonso-loteria-navidad-305.html
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