Las calles, como las redes sociales, se han visto inundadas por una marea de personas que se han armado con los “valores de la familia” y han salido a pelear directamente contra la aberración y la depravación que se pretenden implantar en los espacios dedicados a la educación. La responsable de esta afrenta que va en contra de toda lógica es una ministra (sí, una, fémina, ¡qué atrevimiento!) maricona. Muchos derramaron lágrimas de orgullo y muchos otros derramaron lágrimas de tristeza y vergüenza o por lo menos recordaron sus comidas pasadas al ser atacados por la violenta necesidad de vomitar. Los unos se fueron felices, de vuelta a casa, abrazando a sus hijos certificados “heterosexuales” y los otros, una vez limpiado el desastre provocado por el asco, resolvieron volcarse a las redes sociales, donde todo comenzó.
Las opiniones tocan varios puntos y utilizan variadas metáforas pero casi todas comparten un par de conceptos: el deshonroso papel que juega la iglesia y el tristísimo privilegio que tiene Colombia de ser un país donde se organizan este tipo de cosas. En muchos textos se encuentra uno con que “solo en este país” o “este es el único país donde”, atribuyéndole a Colombia la invención de las marchas motivadas por odio y miedo. Otros textos se atacan a la religión y a la iglesia, o al menos a ciertas visiones que esta institución vehicula, acusándola de elevada hipocresía y descarado oscurantismo. Evidenciando la estupidez creada por la mezcla de una y otra cosa, mucha gente se desgarra las vestiduras mientras grita “república bananera” o algún otro eslogan del atraso. No se dan cuenta que es lo contrario, estamos al mismo nivel que los países más desarrollados de este planeta.
Los movimientos y marchas impulsados por el miedo a la diversidad sexual no son nuevos. Uno de los ejemplos más espectaculares de este tipo de movilizaciones lo dio Francia, el país de los derechos humanos. Los galos se inventaron el movimiento de la “manif pour tous” que pretendía bloquear una ley propuesta por el gobierno con la que se buscaba legalizar el matrimonio gay y permitir la adopción, por parte de parejas homosexuales, por allá en 2012. Marchas multitudinarias colmaron las calles de París y otras ciudades del país, la extrema derecha rápidamente se unió a la causa con la esperanza de sumarle votos a sus urnas, la violencia llegó tan rápidamente como se temía y al final la ley fue aprobada. La depravada que logró promulgar esta ley (en definitiva estas mujeres no entienden que su lugar está en la cocina) a pesar de la ensordecedora voz del odio, no es gay, peor, es negra.
En 1922 un señor italiano llamado Benito Mussolini organizó una espectacular marcha (aunque algunos se movilizaron en trenes y otros vehículos) junto a sus partidarios radicales, los grupos de camisas negras. La movilización, como casi todo movimiento fascista, proclamaba un fuerte odio por socialistas y comunistas además de un marcado rechazo al liberalismo y la democracia. La movilización fue tal que Mussolini se hizo al poder, el resto es historia que, por cierto, usted puede conocer si coge un libro. Las camisas “oscuritas” se utilizaron también en la Alemania nazi (camisas pardas) y la España de Franco (la camisa azul de la Falange). Si esta afición por los símbolos coloridos estuviera protegida por derechos de autor, los miembros del Centro Democrático estarían debiendo unos pesos.
Hace apenas unos meses, en el Reino Unido, un grupo de políticos altamente educados dirigidos por Boris Johnson y Nigel Farage, emprendieron una campaña para sacar a su país de la Unión Europea. Para el efecto, se valieron de una serie de argumentos que iban de lo económico a lo racista. Uno de estos argumentos, quizás el que más convenció, planteaba tomar los 350 millones de libras esterlinas que envía el Reino Unido a la Unión Europea cada semana, e invertirlos en la estructura de seguridad social del país conocida como NHS. Era tal la importancia de dicho argumento que se decidió plasmarlo en el costado de un enorme bus y pasearlo por el país. La campaña fue un éxito, el Reino Unido saldrá de la Unión Europea en un plazo no mayor a dos años. Al día siguiente de haber obtenido su espectacular victoria, Nigel Farage comentó, sin mayor vergüenza, frente a las cámaras de televisión, que aquella promesa del NHS era mentira, o más bien que era un gran objetivo a alcanzar pero que él de ninguna manera había prometido tal cosa. A lo mejor cuando el “No” resuene en las urnas y los fusiles en la selva, algunos políticos prominentes confesarán que aquello del 1.800.000 para los guerrilleros era una mentirilla piadosa.
Así que, amigo alarmista, ¡tranquilícese! Colombia no es un país atrasado y atrapado en las cavernas, más bien lo contrario, corre junto a las potencias, en las primeras líneas del desarrollo y el progreso (¿progreso?). Aquí también se quiere condenar a la comunidad LGTB al ostracismo, también se busca entrar en regímenes totalitarios y poco democráticos, también se miente con desparpajo para conseguir resultados no ya positivos sino más bien convenientes. No sea tan chauvinista, lo colombiano no es necesariamente lo primero ni lo mejor/peor. ¿Ya se calmó un poco? Muy bien, pues ahora preocúpese de nuevo, pero ya no en términos nacionales, preocúpese a escala planetaria. Los problemas causados por la ceguera voluntaria y el sopor natural de la estupidez trascienden fronteras. En la era de la comunicación y la información, un número preocupante de personas han optado por ignorar el conocimiento que lleva a la convivencia y han acogido la ignorancia que provoca el conflicto.
Al norte, en el país más poderoso del mundo, donde la clase política trabaja arduamente para perder el derecho a usar esa frase, un multimillonario con deseos de leyenda se asoma peligrosamente al puesto de presidente. Si el pequeño demonio que todos tenemos en la parte de atrás de nuestras cabezas tomara forma humana, de seguro sería difícil diferenciarlo de este monigote en particular. Todas esas frases automáticas generadas en la oscuridad de nuestro inconsciente, que el poder de nuestra razón desbarata por ser inaceptables, él las ventila a grandes voces. Odio dirigido hacia todo tipo de personas distintas a él mismo, emana diariamente de la boca de este personaje y de la de sus seguidores. En Colombia, un señor bastante más inteligente, o así lo parece, se vale de su función en el seno de una institución de control, en teoría neutral, para desmontar meticulosamente la carrera de todo político que disienta con él o toda ley que le parezca inmoral. Su apellido solía ser sinónimo de bromas y risas, ahora es sinónimo de odio y censura.
Al oriente, un país lleno de historia y cultura, se revienta las entrañas a fuerza de bombas mientras lucha una guerra imposible donde las alianzas y los héroes cambian con el movimiento del sol. Sus habitantes huyen despavoridos y se encuentran con una sociedad occidental que ha decidido, en acuerdo tácito mundial, que su raza y religión son sinónimo de guerra y caos y por lo tanto, deben volver a su pequeño infierno y perecer por fuerza natural del destino. En Colombia, millones de seres cauterizados en su capacidad de amar por un conflicto interminable, rehúsan la posibilidad de terminar con una guerra imposible e ignoran a aquellos que le huyen y aquellos que la sufren, a lo mejor no se reconocen en sus caras, en su raza.
Los paralelos son muchos pero hay indicios de decadencia tan espectaculares que solo se puede hablar de ellos a escala mundial. En 2009 las instituciones encargadas de salvaguardar el producto de nuestro trabajo, entraron en pánico generalizado cuando los efectos de andar jugando a ser magos digitales durante años finalmente empezaron a verse. El desarrollo montado sobre la idea de que la economía crece sin límite alguno y termina por alcanzar cualquier expectativa que se le imponga, se despedazó junto con los mercados. Los reyes de las finanzas se lavaron las manos, se relamieron las heridas y volvieron a lo suyo. La base de la sociedad sufrió un impacto enorme, se perdieron trabajos y vidas y aún hoy muchos países viven bajo el yugo de la austeridad intentando pagar deudas que nadie está seguro de donde salieron. Hace poco más de un año, el deporte rey confirmó lo que muchos sospechaban. Su estructura como institución se basaba en artimañas corruptas ideadas por un montón de viejos avaros deseosos de explotar a los extraordinarios atletas que lo practican y estafar a los millones de fanáticos que lo siguen. Hace nada más un par de días un joven francés fue vendido por 110 millones de euros a un equipo inglés. Los goles ya no se hacen en los arcos.
La institucionalidad, en nombre del lucro y el poder, engulle lo que puede como pueda. En febrero de 2013, la iglesia hizo un esfuerzo sobrehumano para humanizarse. Por primera vez desde la Edad Media, el Papa de turno renunció a su posición alegando vejez. El impopular Papa se refugió por un rato en la residencia de verano papal y posteriormente en un monasterio. Para remplazarlo, se eligió a un latino, pero no moreno ni de nombre Pérez, no hay que exagerar; Se eligió un Papa, un argentino jesuita, casi tres siglos después de que su orden fuese expulsada de los reinos católicos. El Papa Francisco ha hecho lo posible porque los ancianos, doblados bajo el peso de las joyas y el lujo que conforman la alta jerarquía de la Iglesia, se parezcan más al ciudadano de a pie. Pero la institucionalidad basa su poder en su estructura rígida y Francisco lo comprobó en el Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la Familia en 2014 y 2015. Su intento por abrir la Iglesia a la diversidad moderna de la estructura familiar y la diversidad sexual fracasó frente al muro retrógrado construido por la jerarquía de la institución que él preside.
La Iglesia, como muchas otras instituciones que se adueñan de la espiritualidad humana para darle marcos de referencia, tiene el problema de creer que tiene el monopolio de varios conceptos humanos. En 1984 la Iglesia crea “La Jornada Mundial de la Juventud”. El evento invita a jóvenes de todas proveniencias a unirse al Papa en una ciudad elegida para compartir su fe y meditar sobre un mensaje en particular. La jornada se llama “de la Juventud” sin más, el punto viene justo después, no se le agrega “cristiana” o “católica” ni “creyente” o “espiritual”. Es juventud a secas. La juventud es monopolio exclusivo de la Iglesia. ¿Qué vienen siendo los jóvenes que ni asisten ni se interesan a la “su” jornada mundial? Lo mismo pasa con la moral o la familia, un montón de señores muy sabios que no tienen descendencia debido a un voto sagrado y que cuando llegan a altos rangos se desconectan de la realidad, deciden y proclaman cómo el resto de mortales ha de vivir y comportarse, basándose, dicho sea de paso, en un texto falto de referencias actuales. El amor de Dios se llena de asteriscos y notas a pie de página.
De la misma manera, en oriente, algunos imanes con ansias de poder o deseos de revancha inflaman de pasión y odio a sus seguidores y los incitan a la violencia contra hermanos de distinta casta o etnia o bien, llaman a la guerra santa contra los infieles. En algunos lugares de Asia, monjes budistas declaran, sin alterarse, que los musulmanes son cerdos incultos que deben ser exterminados. En ciertas partes del África se mata y se descuartiza a las personas albinas porque se cree que sus partes tienen poderes mágicos. La espiritualidad institucionalizada parece tener una tendencia a convertir el vino en vinagre. La adhesión ciega a preceptos inamovibles se encuentra rápidamente en conflicto con el progreso de las sociedades. La tendencia parece ser siempre la misma, o se abandonan creencias e instituciones o se radicalizan las visiones en defensa de lo que no quiere cambiar. Un mundo artificial en blanco y negro plasmado sobre una realidad dibujada en una infinita escala de grises.
Y en blanco y negro ven el mundo una cantidad preocupante de personas. Sea por falta de tiempo, pereza o simple negativa, grandes masas de población se han acomodado en la realidad del trabajar para hacer dinero y disfrutarlo de las maneras más fútiles existentes. Del trabajo a la casa, de la casa al centro comercial y de vuelta, a eso se resume la vida de muchos. No se cultiva el cuerpo, la mente o el espíritu. Se vive en la inercia del sobrevivir cómodamente en espera del fatal desenlace. El statu quo está mal pero podría estar peor, mejor dejarlo así. Los cambios no son bienvenidos, de hecho son combatidos, pero no por razones de peso sino más bien por la razones que algún ser superior (en jerarquía, o en “sabiduría”) les ha susurrado al oído. En la era de la comunicación y de la información, donde cualquier duda se puede dilucidar, o empezar a dilucidar, al cabo de unos clics, los más se quedan con los argumentos reales o ficticios que más resuenen con lo de siempre, con lo que se repite desde hace mucho, no hace falta buscar más verdad.
Poco importa cuántos estudios digan que la homosexualidad nada tiene que ver con la pedofilia o cuántas estadísticas demuestren los potenciales beneficios de la paz o qué tan evidente se vuelva el cambio climático, una mentira desinformada bien puesta destruye en meses lo que se construyó en años. Todos los musulmanes son terroristas; El comunismo se retoma Latinoamérica y la prueba está en Venezuela; La homosexualidad es una especie de mentira infecciosa que se implanta de manera artificial; Para poder gobernar hay que ser rico y merecer el título de “dotor” se tenga o no un doctorado. La gama de mentiras es enorme y no se requiere de una creatividad desmedida para agrandarla, solo se necesita descaro y convencimiento. No es accidental que más de un personaje prominente derrape al usar artículos tipo “The Onion” o “Actualidad Panamericana” para denunciar “realidades” insoportables.
La clase política mundial se representa cada vez a sí misma y se preocupa cada vez menos por la visión de sus votantes y por su porvenir. La fractura intergeneracional se hace grande y evidente, los resultados del Brexit pueden ser usados como ejemplo de esto, allí, la gran mayoría de personas hasta los 40 años, votaron por quedarse en la Unión Europea. Los que votaron por salir de ella no vivirán con las consecuencias por mucho tiempo. Los líderes espirituales le ponen cronómetro a la existencia de sus instituciones al ir en contra de lo que dicta el cambio. La Iglesia cae en la trampa de una discusión sobre diversidad sexual que termina en la firma de un papel contra la paz, paz que como institución habían decidido apoyar hace apenas semanas. Los instrumentos para curar la aguda epidemia de ignorancia militante existen desde hace rato, lo que no se tiene es la estrategia para hacerlos funcionar. ¿Cómo se le llega a quien no desea escuchar nada que no concuerde con su pensamiento? ¿Estamos obligados a esperar que el oscurantismo muera por efecto de los años o se puede lograr algo a pesar de la fosilización que produce el tiempo? ¿Cómo conciliar comodidad y curiosidad? ¿Cómo desligar ansiedad y conocimiento?
El desagrado y hasta la apatía son reacciones normales frente a los grandes despliegues del odio y la intolerancia pero ya no se puede uno escudar en esos conceptos. Ya no podemos condenar a Colombia al subdesarrollo, social y político, mientras pensamos en las sociedades ideales de otros rincones del planeta. Los tentáculos de la ignorancia se extienden por toda la superficie terrestre. Habrá que involucrarse más, habrá que hablar más con la desventaja de saber que quien se enquista en sus posiciones se siente inevitablemente atacado cuando se le discuten. El proceso no parece ser ya de resistencia o de lucha, parece tener más que ver con la pedagogía y el amor.
Addenda:
Hay dos cosas que por intranquilidad de espíritu me parece vale la pena aclarar:
1. Si la heterosexualidad implica la incomprensión y la intolerancia hacia la diversidad, me declaro disidente y abogo por un nuevo apelativo mucho más inclusivo. Ya podrán tildarme de “marica”, “roscón”, “galleta” o cualquier tipo de insulto estereotípico que se les antoje o mejor, podrían dar ideas para crear esa nueva categoría inclusiva.
2. Me parece que tomará mucho tiempo desarraigar la violencia, en todas sus manifestaciones, de la sociedad colombiana. Sin embargo también me parece que la paz en un buen comienzo para lograrlo. Apoyo la opción del “Sí” y lo votaré si me es posible. De paso destruyo el argumento de que el comunismo se tomará Colombia, los comunistas tampoco son afines con los maricas y me imagino que con los amigos de los maricas, tampoco.
¿Te gustó? Compártelo en redes sociales o dale "recomendar" (el pequeño botón de Google+ al final del texto) Gracias.
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire