samedi 20 septembre 2014

Contigo aprendí

El siguiente texto fue escrito o más bien finalizado en las navidades del año 2012. Mi familia me hacia una falta que rayaba con lo cruel. Ese año decidimos rezar novenas en conferencia por Skype y a pesar del poco apego que le tengo a los rituales religiosos, el ejercicio me hizo sentir de nuevo el calor de mi hogar, del primero, de ese al que siempre se vuelve. Este texto fue un agradecimiento a ese cariño.

Hoy quería decirles, uno por uno, lo que mi corta vida y pequeña existencia me ha regalado de su imagen. Tía Carmen C, tu fuerza de lucha que por momentos torna hacia la testarudez me ha ensenado el valor de mis ideas y mis principios y sobre todo como la misma puede ser la base de una espiritualidad y una felicidad a prueba de todo. Tío Fernando, aprendí de ti la importancia del intelecto, el peso de la historia y de como un día la paternidad trasformara ese duro cemento en blanda arena y podrá llevarnos a compartir y dar amor a sangre de otro nombre que a través del afecto se funde con la nuestra. Tío Dionisio, de ti aprendí que no debemos nunca dejar morir nuestro niño interior, nuestra capacidad de asombro, la alegría por la alegría, el ser feliz porque si, el vivir sin darse cuenta. Tía Gena, aprendí de ti el humor esencial de la existencia mezclado con las bases morales inamovibles de una persona de bien.

De Violeta aprendí el concepto de mejor amigo, compañerismo y también de frescura y buena vibra. Ejemplifico la idea de aventurero y me demostró sin querer que el mundo no tiene fronteras. María, Manuela siento que ustedes como buenas hermanas fueron tanteando el camino para despejármelo de obstáculos enseñándome, a veces a propósito a veces accidentalmente, la mejor dirección a tomar. El sufrimiento que esta vida les ha arrojado en su momento le dio relevancia a mi realidad, importancia al ahora. Las etapas compartidas con ustedes de a una por vez le dio alegría, alegría a mi corazón, como diría Fito. De los sobrinos, los mas pequeños no estoy seguro de haber aprendido gran cosa por ahora, debido a distancia y edad, pero de seguro el tiempo que me hará viejo y sabio me regalara también un par de lecciones de su parte.


De papa aprendí a caer y a levantarme, a juzgar al mundo con infinita bondad y reconocer a mi pueblo en mi piel. Encontré en él el modelo a seguir, el mentor de lo bueno y lo malo, y el principal soporte donde tienen base todas mis aventuras. De la abuela entendí que la espiritualidad, tenga el nombre que tenga, es parte esencial de la vida, de ser humano. Que la familia es lo primero y los valores nacen en ella. Que lograr que tu descendencia encuentre el camino del bien es quizás la labor mas bella que existe. El abuelo me enseñó que la tierra nos dio la vida, que la regula y hay que respetarla porque ella estaba allí antes que todos nosotros y que la felicidad es el alimento del alma y el único objeto de nuestra existencia. De esta familia aprendí que el breve tiempo que se nos es dado debe usarse para dejar huella, para abrirle camino a los que vienen detrás y para dejar nuestro nombre y nuestra sangre en lo mas alto de manera que cuando lleguemos a la mesa de nuestros ancestros podamos decir, fue una vida bien vivida.

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