El siguiente texto fue escrito o más bien finalizado en las navidades del año 2012. Mi familia me hacia una falta que rayaba con lo cruel. Ese año decidimos rezar novenas en conferencia por Skype y a pesar del poco apego que le tengo a los rituales religiosos, el ejercicio me hizo sentir de nuevo el calor de mi hogar, del primero, de ese al que siempre se vuelve. Este texto fue un agradecimiento a ese cariño.
Hoy quería decirles, uno
por uno, lo que mi corta vida y pequeña existencia me ha regalado de
su imagen. Tía Carmen C, tu fuerza de lucha que por momentos torna
hacia la testarudez me ha ensenado el valor de mis ideas y mis
principios y sobre todo como la misma puede ser la base de una
espiritualidad y una felicidad a prueba de todo. Tío Fernando,
aprendí de ti la importancia del intelecto, el peso de la historia y
de como un día la paternidad trasformara ese duro cemento en blanda
arena y podrá llevarnos a compartir y dar amor a sangre de otro
nombre que a través del afecto se funde con la nuestra. Tío
Dionisio, de ti aprendí que no debemos nunca dejar morir nuestro
niño interior, nuestra capacidad de asombro, la alegría por la
alegría, el ser feliz porque si, el vivir sin darse cuenta. Tía
Gena, aprendí de ti el humor esencial de la existencia mezclado con
las bases morales inamovibles de una persona de bien.
De Violeta aprendí el
concepto de mejor amigo, compañerismo y también de frescura y buena
vibra. Ejemplifico la idea de aventurero y me demostró sin querer
que el mundo no tiene fronteras. María, Manuela siento que ustedes
como buenas hermanas fueron tanteando el camino para despejármelo de
obstáculos enseñándome, a veces a propósito a veces
accidentalmente, la mejor dirección a tomar. El sufrimiento que esta
vida les ha arrojado en su momento le dio relevancia a mi realidad,
importancia al ahora. Las etapas compartidas con ustedes de a una por
vez le dio alegría, alegría a mi corazón, como diría Fito. De los
sobrinos, los mas pequeños no estoy seguro de haber aprendido gran
cosa por ahora, debido a distancia y edad, pero de seguro el tiempo
que me hará viejo y sabio me regalara también un par de lecciones
de su parte.
De papa aprendí a caer y
a levantarme, a juzgar al mundo con infinita bondad y reconocer a mi
pueblo en mi piel. Encontré en él el modelo a seguir, el mentor de
lo bueno y lo malo, y el principal soporte donde tienen base todas
mis aventuras. De la abuela entendí que la espiritualidad, tenga el
nombre que tenga, es parte esencial de la vida, de ser humano. Que la
familia es lo primero y los valores nacen en ella. Que lograr que tu
descendencia encuentre el camino del bien es quizás la labor mas
bella que existe. El abuelo me enseñó que la tierra nos dio la
vida, que la regula y hay que respetarla porque ella estaba allí
antes que todos nosotros y que la felicidad es el alimento del alma y
el único objeto de nuestra existencia. De esta familia aprendí que
el breve tiempo que se nos es dado debe usarse para dejar huella,
para abrirle camino a los que vienen detrás y para dejar nuestro
nombre y nuestra sangre en lo mas alto de manera que cuando lleguemos
a la mesa de nuestros ancestros podamos decir, fue una vida bien
vivida.
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