El frío y la modorra ya
desaniman. Esta no es hora de ponerse a esto pero en nombre de la
productividad hay que habituarse a ciclos particulares. Este material
(¿qué es esto? ¿plástico? ¿porcelana?) es incómodo y poco
acogedor. Hay un doble esfuerzo obligado. Primero está el físico:
hay que involucrar a los músculos en este ejercicio aunque sea un
poco pero al mismo tiempo no se puede exagerar. He oído historias
terroríficas donde se pierde una parte de uno mismo y para
recuperarla es necesario recoger y empujar, la idea me debate entre
el asco y el dolor. El segundo es mental: no me puedo dormir y no me
puedo distraer, cualquiera de los dos eliminaría mi percepción
temporal, cosa que me causaría más de un disgusto.
El patrón repetitivo de
la pared me recuerda a Mafalda o más bien a su pequeña amiga
(¿esperanza? ¿libertad? ¿cómo se llamaba?) cuando explicaba que
los hombres eran como una pared de ladrillos, unos sobre otros, los
de abajo soportan a los de arriba. Deberían ser más como una calle
de adoquines, unos junto a otros...¡Maldita sea! Ya comencé a
divagar. ¿Cuánto tiempo llevo haciéndolo? Perdiendo el tiempo
cuando me hace falta. Lo peor es que todo esto es inaplazable, una
vez fuera de mi circulo seguro y personal no me atreveré a hacer
esto sin llenarme de vergüenza y cuidados y el no hacerlo me va
hacer sentir como un globo aerostático.
“Rocío de la mañana”
a este ritmo no voy a tener ninguna necesidad de utilizarlo. Creo que
me quede dormido un par de minutos, imposible confirmarlo en este
ambiente aparte. Me está dando frío y creo que se me arrugan los
pies, mis pies, que por cierto están dispuestos juntando las puntas
y separando los talones de manera que forman como un triángulo,
triángulo, como el de las Bermudas donde se pierden barcos y aviones
sin explicación y que tal parece coincide con otro triángulo en el
mar de Japón, donde también ocurren misteriosas desapariciones de
forma que algunos hablan de una suerte de portal entre dimensiones
que atraviesa la tierra de un lado al otro y...lo hice de nuevo
¡mierda! Me deje llevar por la callada contemplación. Lo mismo le
debió pasar a Arquímedes cuando en su “bañera” (¿que era una
bañera en la época?) se percató que su cuerpo desplazaba la misma
masa que...¡nooooooooo! Esto es peor que filosofar bajo la ducha.
Bueno al diablo, renuncio.
El doble hoja no será utilizado por ahora. Tomaré el riesgo de partir
sin haber tenido resultados y me enfrentaré a la urgencia de la mejor
manera posible más tarde allí donde me encuentre. Esto de cagar sin
ganas es duro y frustrante, debe haber una mejor manera de ocupar mi
tiempo ahora mismo. Quizás pensar sin el objetivo de defecar evitará de una vez por todas que no haga más que hablar mierda, a descubrir.
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